Cartagena de Indias

Considero necesario recordar a los héroes españoles que han defendido por encima de sus vidas el nombre de nuestra nación, en especial a aquellos cuyos nombres se han perdido entre el barro, la sangre, el tiempo y nuestra mezquina ingratitud hacia ellos. Y es que no hay, como se titula la obra de Antonio Villegas González, «Ni un pedazo de tierra si una tumba española».

A penas un siglo les llevó a los españoles expandirse por todo América, una tierra tan extensa como prolífera, tan maravillosa como aterradora, y tan indefendible como codiciada. En pocos años este continente dejó de ser un lugar lejano e inalcanzable, pues se creó un sistema de rutas para explotar y conducir sus tesoros e incontables riquezas hasta la Casa de Contratación de Sevilla, la única nación con la que España repartió el nuevo mundo y sus bienes fue con Portugal, quedando fuera de tal reparto todas las demás naciones europeas, a las cuales se les ocultaron las riquezas que escondía esta tierra durante años, hasta que en 1522 piratas franceses, bajo las órdenes de Jean Fleury, capturaron la flota española que portaba los tesoros de Moctezuma que el mismísimo Hernán Cortés había tomado, comenzando así una frenética actividad pirata de asaltos y abordajes continuos por parte de ingleses, franceses y holandeses. Más tarde estos piratas comenzaron a gozar de la aprobación de sus países natales mediante la patente de corso, una licencia escrita para atacar y saquear tanto embarcaciones como asentamientos enemigos, es decir, españoles, pasando así de ser considerados piratas a prestigiosos corsarios. Para repeler tal actividad España se vio obligada a militarizar y fortificar sus puertos y principales asentamientos tales como Acapulco, Veracruz, Portobelo, la Habana o Cartagena, además de organizar flotas de la armada, la fuerza naval del reino.

Aproximadamente trescientos años más tarde, en el siglo XVIII, y reinados por Jorge II, los ingleses abandonaron la piratería tras haberse convertido en una respetada y poderosa potencia marítima, además el poderío y potencia de España llevaba varias décadas en declive y ahora estaba bajo el reinado del primer Borbón, Felipe V, lo que llevó a Inglaterra a querer aprovecharse de esta situación para mejorar sus condiciones respecto al comercio americano, tratando de arrebatar a sus enemigos españoles el control del Caribe, del cual apenas poseían algunas islas, sobre todo el primer objetivo era la división del Virreinato de Nueva Granada y Nueva España estratégicamente. La justificación qué buscaron para comenzar la guerra que tanto ansiaban fue la acción del capitán de guardacostas Juan de León Fandiño, el cual tras capturar al contrabandista inglés Rober Jenkins en las costas de Florida, le ajustició cortándole una oreja mientras le pronunciaba el siguiente mensaje ´´ve y dile a tu rey que lo mismo haré si a lo mismo se atreve«. El Almirante inglés Edward Vernon se puso al mando de una importante flota militar que se asentó en Jamaica antes de la declaración de guerra al Imperio Español en 1739, tras esta, Vernon afirmó convencido que si Portobelo y Cartagena eran tomadas, los españoles habrían perdido todo. Con tales intenciones, el almirante se dirigió a la plaza de Portobelo, Panamá, liderando un ataque con seis buques de guerra, la plaza se encontraba mal defendida con una notable escasez de efectivos y tras un bombardeo inglés de dos horas de duración Portobelo calló sin presentar dificultad alguna para los poderosos navíos ingleses. Este sencillo triunfo catapultó la fama de Vernon en la opinión pública inglesa, aprovechó tal euforia para preparar el golpe definitivo que acabaría con el Virreinato de Nueva Granada, la toma de Cartagena de Indias, la cual se trataba de la ciudad más importante del Caribe, cosmopolita, contaba con iglesias, edificaciones barrocas, su propio tribunal de la Inquisición, y además se trataba de la ciudad mejor fortificada de América. La peligrosa y estrecha bahía que permitía la entrada a su puerto, el fuerte de San Fernando, contaba con varios puntos fortificados desde los que la artillería española rechazaba acribillando a cualquier indeseable que se atreviera a acercarse la ciudad, hasta en dieciocho ocasiones habían, tanto ingleses como franceses, tratado de tomar Cartagena. Conociendo estos antecedentes, pero infravalorando a la ciudad y a sus defensores, Vernon reunió en Jamaica a una inmensa y aparentemente desproporcionada escuadra armada, poniéndose al frente de más de 200 navíos, tanto de transporte como de guerra, miles de piezas de artillería y 27.000 hombres , entre marineros, artilleros e infantería. Cartagena, en una increíble desventaja, contaba únicamente con 6 barcos y 3.000 hombres, entre ellos civiles e indios, dirigidos por el virrey de Nueva Granada Juan Eslava y el comandante Blas de Lezo, un viejo oficial naval con un largo historial militar tras él, habiendo apresado más de 11 navíos ingleses, y combatido contra piratas ingleses y africanos, perdiendo una pierna en Gibraltar, un ojo en Tolón y una mano en Barcelona, merecidamente conocido como el Medio Hombre. Vernon hizo llegar una carta a Blas de Lezo en la que le recodaba con un toque sarcástico lo sucedido en Portobelo, a la que el comandante español respondió mostrando su bravura y entereza, así como su indiferencia ante el descomunal ataque que preparaban los ingleses

´´Puedo asegurarle a Vuestra Excelencia, que si yo me hubiera hallado en Portobelo, se lo habría impedido, y si las cosas hubieran ido a mi satisfacción, habría ido también a buscarlo a cualquier otra parte, persuadiéndome de que el ánimo que faltó a los de Portobelo, me hubiera sobrado para contener su cobardía«.

El 13 de Marzo de 1741 barcos ingleses comenzaban a ser avistados desde la fortaleza española, el objetivo de Vernon era atravesar la bahía para asediar la ciudad. Para esto debería atravesar las dos entradas a la bahía, bocagrande y bocachica, bocagrande estaba atravesada una enorme cadena de hierro que impedía el paso naval, y bocachica estaba flanqueda por los fuertes de San Luis y San José. Vernon envió a su armada por bocachica, la primera embarcación que se aventuró a tratar de cruzar el paso fue destruida por el cañoneo tan intenso de los fuertes, lo que provocó que la nave bloqueara el paso los barcos que la seguían obligando a los ingleses a remolcar su destrozada embarcación, las defensas se reagruparon en el fuerte de San Luis, donde fueron asediados por 13 barcos, de los cuales consiguieron hundir 11, hasta que finalmente y debido al continuo bombardeo se vieron obligados a replegarse, huyendo por la noche, no sin antes hundir, por orden de Blas de Lezo, los propios barcos españoles para así frenar el avance de los navíos enemigos. Así, tras tres semanas y no pocas pérdidas, Vernon logró su entrada a la bahía. Tras esta ´´victoria« envió a Inglaterra un mensaje asegurando que ya había vencido a los españoles, que Cartagena ya había sido tomada, con ello ordenó que se acuñasen monedas conmemorativas en las cuales se representaba a Blas de Lezo arrodillado ante Vernon, otro acto más de narcisismo por parte del inglés.

Los españoles restantes, apenas 600, se encontraban asediados en el castillo de San Felipe, Blas de Lezo ordenó que se cavase un foso alrededor de la fortificación, para así evitar que las escaleras de los atacantes fuesen capaces de alcanzar el final de los muros, además se cavaron trincheras en zigzag para poder abalanzar a la temible infantería española sobre cualquiera que se acercase. También dos soldados fueron enviados como supuestos desertores, con la misión de engañar a Vernon haciéndole enviara a sus hombres a una zona fuertemente defendida. Una a una, los ingleses fueron cayendo en cada una de las trampas que el comandante español había preparado, los dos supuestos desertores hicieron que la infantería inglesa rodeara el castillo a través de la selva, donde perdieron a cientos de hombres que se vieron infectados de malaria, además una vez llegaron a la entrada que buscaban fueron rechazados por 300 españoles únicamente armados con armas blancas, los cuales lograron 1500 bajas a los casacas rojas, los ingleses. Tras esto la moral de los atacantes se vio muy afectada, Vernon estaba hundido en la más absoluta desesperación, sus generales sugerían una retirada pero él se negaba a tal humillación así que se dio el gran ataque final, en la noche del 1 de abril.

Tres columnas de 1200 hombres, encabezadas por los esclavos jamaicanos armados con machetes y seguidamente la infantería y artillería inglesas, el avance era muy lento debido tanto al peso de la artillería como al fuego constante de los defensores de la fortificación, además el avance en campo abierto hacía de los atacantes un blanco fácil. Debido al caos generado, se enviaron otras dos columnas más, de las mismas proporciones, fueron sorprendidas por sus propios compatriotas, los cuales huían despavoridos con la temible infantería española tras ellos, castigándoles con la carga de sus bayonetas al grito de ´´¡A por ellos, matad a esos herejes!« y generando cantidades inimaginables de cadáveres a su paso. Fue necesaria la luz de la mañana para que los ingleses se hicieran a la idea de lo sucedido, pudiendo contemplar toda una explanada de sangre, con cientos de muertos, heridos y mutilados sobre ella, debido a tal cantidad de cuerpos en descomposición afloró la peste, que hizo estragos con los ingleses los días siguientes. Tras este golpe sentenciador de los españoles, las tropas inglesas volvieron a los barcos, la imagen desde los mismos la describe el médico británico Smollet ´´contemplaron los cuerpos desnudos de sus compañeros soldados y camaradas flotando arriba y abajo en el puerto, proveyendo de presas a los carroñeros cuervos y tiburones, que los hacían pedazos sin interrupción, y contribuían con su hedor a la mortalidad que prevalecía«. Vernon, sin saber como explicar al rey inglés la derrota, sugiere un último ataque, pero sus tropas, atacadas por múltiples enfermedades, se revelan ante él, acto que terminó con 50 fusilados, tras esto las naves inglesas parten lentamente abandonando Cartagena de Indias, no sin hacer el último bombardeo mientras se alejaban de la bahía el 8 de mayo de 1741.

Este hecho se saldó con 10.000 bajas y más de 7.000 heridos ingleses, a cambio de 600 bajas de los españoles, así de heroicamente consiguió España mantenerse como hegemonía en América unas décadas más. El rey inglés Jorge II prohibió que se hablase o escribiese de esta batalla, debido a la humillación que suponía para él. Vernon no solo siguió gozando de prestigio militar, sino que a su muerte se instaló un monumento en su honor, sin embargo, Blas de Lezo falleció, olvidado por su país, cuatro meses después de la retirada de los ingleses al caer enfermo de peste, su cuerpo fue enterrado en Cartagena de Indias en paradero desconocido, así como muchos de sus valientes soldados.

Esta es una de esas hazañas que eriza la piel y hace esbozar una sonrisa de orgullo, no siendo en absoluto la única, y es que, opino que España ha gozado de unos de los más valientes y feroces soldados de la historia.

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