La Cara Reveladora del Mercado

«La mayoría de los argumentos contra el libre mercado se basan en la falta de confianza en la libertad misma«

Capitalism and Freedom – Milton Friedman

Una de las principales críticas a una economía de libre mercado son las externalidades negativas que aparecen tras o durante lo procesos de producción, entre ellas destacan la contaminación; la deslocalización, que para algunos es un efecto negativo del libre mercado porque lo consideran una explotación de los trabajadores del país donde se traslada la producción; o el maltrato animal, entendiendo esto como el uso de pieles en la ropa o el uso de los mismos animales para probar cosméticos y otros productos. Cuando hablan de estas cuestiones arremeten contra “el mercado”, el mercado es el culpable para ellos, es culpa de este que suceda todo lo mencionado, sin embargo, esto solo explica el desconocimiento, en mi opinión, de lo que realmente es el mercado.

El mercado es el conjunto de intercambios de bienes y servicios entre los distintos individuos que lo conforman. Accedemos a él para cubrir nuestras necesidades y demandas en general, a cambio de un precio. Culpar al mercado, es culparnos a nosotros mismos, y es que en el fondo, así es, nosotros somos los culpables. Una economía de libre mercado se basa en el libre intercambio entre los individuos que conforman el sistema, se rige por los conocidos términos económicos: oferta y demanda. La oferta solo existe en equilibrio con la demanda ya existente, es decir, nosotros demandamos ciertos bienes y servicios, y el productor (que también somos nosotros, los humanos) teniendo en cuenta sus costes, producirá aquello que sabe que será demandado, de lo contrario, generaría pérdidas (ya sea por falta de producción o por exceso). Entendiendo esto, podemos razonar que si la demanda baja, la oferta bajará. Es entendible, el productor sabe que su bien ya no se demanda tanto, si produce lo mismo que antes, lo tendrá que tirar a la basura lo que le producirá mayores costes, pudiendo incluso generar pérdidas. De forma análoga, si el productor considera que existe un aumento en la demanda de su producto, acabará por aumentar su producción siempre que sus costes marginales sean menores que sus ingresos unitarios, y de ser mayores, buscará innovar de forma que pueda saciar la demanda de una forma óptima. En resumen, el productor siempre buscará cumplir la demanda de forma óptima, porque cada uno de los individuos demandantes generan ingresos, y al final, el productor quiere generar beneficios únicamente.

Una vez explicado, de forma muy simplista, pero considero que suficiente para entender mi crítica a estos comentarios contra el libre mercado, analicemos algunos casos concretos. Uno de los más sonados en España, respecto a la deslocalización, ha sido el caso de la marca Zara. La empresa ha sido duramente criticada, argumentando que dejaba sin trabajo a los trabajadores de las fábricas en las que solía producir de Galicia, llevando la producción a países asiáticos, donde explotaba a los trabajadores, demostrando su gran egoísmo, y poca empatía. Sin embargo, lo cierto es que esta empresa sigue facturando millones de euros, y hasta el político que más la criticaba fue pillado con una americana de Zara puesta. Es aquí a donde quería yo llegar, la enorme hipocresía que rodea a este buenismo socialista, que conscientes de que por mucho hablar no van a actuar mejor, acaban por preferir que la fuerza coercitiva del Estado prohíba a esa empresa producir y asegurarse de no llevarla, a hacer pequeños cambios por ellos mismos. Zara no es la marca más barata en España, existen muchas marcas que tienen prendas de ropa a un precio más asequible, por tanto no se puede alegar que es una cuestión económica. El hecho es que las marcas de las que hablo son consideradas inferiores, ya sea por cuestiones de calidad, de diseño o simple prestigio, y a la hora de elegir preferimos hacer un mayor desembolso, a cambio de ropa de la marca Zara. Cuando hacemos esta decisión, aunque no lo pensamos, mantenemos la demanda de estas prendas y con ello fomentamos la producción, es decir, somos nosotros quien está apoyando la deslocalización, no es culpa de «el mercado», muchas empresas españolas producen en España, y tienen el sello de Hecho en España, pero no le prestamos atención, porque en el fondo no nos importa tanto.

No es el único caso, hace unas semanas apareció por la redes un video que se hizo viral, donde “el conejo Ralph” iba sufriendo diferentes testeos con químicos. El video buscaba sensibilizar a la población para que no usara marcas que no tuvieran el sello de cruelty free, ya que esto indicaba que realizaban pruebas de laboratorio a animales. Sin entrar en el tema del negocio detrás de estos sellos, lo cierto es que la organización Personas por el Trato Ético de los Animales (PETA)1 realiza una lista donde están apuntadas empresas que realizan estas prácticas entre las que se encuentran destacadas marcas como: L’Oreal, Johnson & Johnson, Colgate-Palmolive, Ariel, Axe, Neutrogena, entre otras. La cuestión es que el video fue altamente compartido, todo el mundo lo publicaba en sus historias de instagram, lo pasaba por los grupos de whatsapp y lo retwitteaba en Twitter. Pero detrás de ese buenismo, había indiferencia, y posiblemente, tras hacer toda esa publicidad, se irían al baño a lavarse sus dientes con pasta Colgate y su pelo con champú de L’Oreal. Sin embargo, podrían realmente llevar a la práctica sus quejas e ir al supermercado y fijarse en los productos cosméticos que tengan el certificado de no realizar las prácticas que ellos censuran.

El mismo razonamiento se puede aplicar en muchos caso a la contaminación, pongamos un ejemplo básico, han sido muy criticadas las botellas de plástico, y en la mayor parte de los casos, son usadas en bebidas que, a decir verdad, no son de real necesidad, podríamos prescindir de esa botella de Coca-Cola de plástico que se nos antoja bebernos por el supermercado, o preferir ir a un bar y pedir una Coca-Cola de botella de vidrio (con la correspondiente subida de precio que tiene esta decisión). Sin embargo todo esto ni se nos plantea por la cabeza, por mucho que lo critiquemos, y acabamos por comprarla y muchas veces sin siquiera preocuparnos de más tarde reciclar la botella.

Concluyo esta breve reflexión, dejando claro que mi objetivo aquí no es que deje la gente de comprar en Zara o las otras marcas citadas, eso es decisión de cada uno con sus consideraciones morales, yo por mi parte me he abstenido de dar mis opiniones respecto a los temas analizados, solo he elegido estos tres porque son los más famosos, a mi parecer. Mi objetivo era demostrar cómo el libre mercado solo responde a los intereses de la mayoría de los seres humanos, el libre mercado da lo que la gente pide, y nos da la opción de no comprar algo si no lo consideramos correcto (sea por lo que sea) y en vez de criticar el sistema, podemos aprovecharlo en nuestro favor, ya que el problema no es el sistema, sino nuestra forma de actuar, el sistema solo es un reflejo de nuestros intereses y preferencias. No hay sistema económico más democrático que el libre mercado. Habrá quien diga que esto es utópico, y en parte no lo niego, el capitalismo no es la panacea, y como cualquier sistema real, tiene fallos. Sin embargo los efectos de actuar son visibles, y prácticas como la deslocalización se ven reducidas porque los estudios de mercado dan lugar a resultados mejores para una producción cercana al país demandante, esto ha dado lugar a la “vuelta a casa” de muchas empresas, lo que se llama “relocalización”. Mi objetivo es que rehusemos la hipocresía que rodea al buenismo tan famoso ahora, y pasemos a la acción directa, más hacer y menos hablar. Es lógico que en algunos puntos, la acción de la gente será insuficiente o inviable, especialmente en productos de verdadera necesidad, donde prescindir de ello no sea posible y sí será necesaria la regulación estatal, sin embargo, haya donde pueda hablar el mercado, considero más correcto independizarnos y elegir por nosotros mismos en libertad, en base a nuestras opiniones, a seguir de la mano de papá Estado. Dijo Hayek, que «la libertad no solo significa que el individuo tiene la oportunidad y el peso de la elección. También significa que debe soportar las consecuencias de sus actos. Libertad y responsabilidad son inseparables» y esa es la idea esencial de este texto, aceptemos las consecuencias de nuestros acto e intentemos cambiar para arreglar las cosas, pero no nos quitemos la culpa culpando al mercado como si se tratara de un ente superior e incontrolable por los seres humanos, ya que esto es falso. Aprovechemos este reflejo de nosotros mismos que nos muestra el mercado, y pensemos en aquello que queremos cambiar. Un paso sería tomar decisiones a la hora de comprar cambiando el ¿me apetece? por un ¿realmente quiero comprarlo entendiendo lo que esto conlleva? Y si la respuesta es sí, no critiquemos más tarde.

Notas y bibliografía

1- mediapeta.com/peta/PDF/companiesdotest.pdf

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